miércoles, 30 de julio de 2008

La verdad planchada

GALERÍA URBANA
15 de Junio de 2008
Año 02, núm. 29
Por José Manuel Ruiz Regil


Sobre el mostrador, dentro de una vitrina a la vista de todo público, cautivos en un conglomerado de espejos sin azogue que multiplican el original creado por Disney, doce pinochos de distinto tamaño y material mantienen la misma sonrisa inocente del diseño original. El característico copete negro, el gorro con la pluma ajustada a la cinta, la corbata de moño y el peto rojo. De plástico, “foamy”, madera, incluso de latón como el que hace de mango de campana en esa miniatura. Todos ellos han sido regalos de los clientes a los dueños de la tintorería que está en las calle de Enrique Rebsamen casi esquina con Luz Saviñón en la Colonia Narvarte, y lleva el nombre de tan entrañable personaje. De Italia, Orlando, Michoacán, y otros lugares sus clientes han traído al muñequito. Confían en que el personaje les inspire a decir la verdad, y con eso asegurar la línea recta de sus pantalones.

El dolor es temporal, el honor es para siempre

Es el lema de los gladiadores que se disputan el título de campeón mundial. Y me pregunto si será tan codiciada la fajilla con el grabado del calendario azteca reluciente como el cheque que la acompaña. Invitados por High Profile Radio tuvimos acceso al área de prensa de la sala de armas de la Magdalena Mixuca. Mismas por las que se pasaron a todos los contendientes del torneo de artes marciales mixtas de esa noche, promovidos por la empresa Maxfights. Patadas voladoras, ganchos hepáticos, mandíbulas partidas, codos, rodillas, mentadas y hasta sacadas de lengua. Todo se vale. Un deporte en el que confluyen pasión, técnica, agallas y resistencia al dolor. El que menos, salió con un ojo morado. Cuando no la nariz rota o el rostro desfigurado. Al centro de la nave el ring conforme a la más estricta tradición, con sus cuerdas elásticas color azul, rojo y blanco, representando, irónicamente, los valores de libertad, fraternidad e igualdad. Al centro del cuadrilátero un hombre canoso ataviado de etiqueta, alargaba las vocales en el micrófono, pronunciando los motes y apellidos de los luchadores. Nuestro interés era ver al Lord Kadillac. Su fama de Don Juan ya había picado anzuelo en el corazón sanguinario de nuestra compañera productora. Ibamos decididos a apoyarlo para defender su título mundial de campeón invicto. Atleta afroamericano de más de 200 libras que pelearía contra un Nacional oriundo de Tepito, no menos pesado, aunque sí más alto y amenazante. Característica que no obstó para que el Witaker de los macanazos se le lanzara a los pies, derribara a aquel Goliat arrabalero, y lo inmovilizara en menos de dos minutos, ganando el encuentro por sumisión, según el código técnico del arte de ganar dinero magullando al semejante. Siempre me ha parecido absurdo, quizás, hasta poco civilizado celebrar el encuentro de dos “seres humanos” que están ahí para golpearse mutuamente, pero entiendo que alguien tiene que pagar los platos rotos de tanto resentimiento social. Y para eso está la industria del Knock Out, del madrax legalizado, del jugar el papel de chivo expiatorio para que los demás no nos saquemos las tripas en la esquina. Y al parecer no es suficiente. Declarado campeón estallan las bocinas de la arena al ritmo de regaeton. Gesto que caracteriza al alegre y pacífico A-K41 de carne y hueso importado de San Diego. Suben al ring tres chicas a hacerle coro y festejar su triunfo. La afición aplaude, rechifla, grita, ríe. Baila con su campeón quien como talismán ondea nuestra bandera de Nacional y nos dedica su triunfo.

T.V. en botón

Parece que ha sido tal la abundancia de carcasa electrónica en los últimos años que sus moléculas se hubieran diseminado por el aire, cual polen en la primavera de la era virtual. (¿o tal vez debiera decir en el ocaso de la era industrial?) Pues en plena banqueta, sobre el callejón de Aldaco, detrás del edificio colonial que antaño ocupara el Colegio de las Vizcaínas, crece un árbol de televisiones. No digamos ya un árbol, sino un arbusto, cuya fronda ha dado en brotar una, dos o tres cubiertas de cinescopio, pantallas en botón de idiotizante fruto. Mi entrenado juicio me hace pensar que estarán sobrepuestos esos cascajos plásticos, mas a unos pasos, puedo ver la insistencia de aquella nueva especie floral. Diríanse semillas arrojadas a las jardineras, cubiertas de PC, cascarones de CPU´s, monitores ciegos pidiendo ser regados por electrones de sol. Botánica híbrida que la inepcia para reciclar ha mutado, transformando los bulbos biológicos de orgánico pistilo en bulbos de vidrio y filamento de tungsteno. Haciendo del follaje urbano basureros electrónicos integrados al paisaje.

Prismas de Newton Por Marváz

El museo El estanquillo que está sobre la Mixup de Madero en el centro histórico. Tiene una muestra de Gabriel Vargas (Familia Burrón), Rius (Eduardo del Río) y algunos otros caricaturistas mexicanos. Ojalá puedan ir a verla. Esta es una pequeña muestra de lo que podrán encontrar. No olviden cooperarse con algo en las alcancías del museo ni de subir a la terraza, ya verán por qué se los digo... Si desean la copia de una foto en tamaño natural, para imprimir en poster, sólo escríbanme diciendo cuál y se las envío. mar_vaz@live.com.mx>